La educación emocional y la salud

Des de unos años atrás, la inteligencia emocional, ha sido un concepto a desarrollar, a trabajar, a tener en cuenta en el desarrollo de la persona y de la misma sociedad. A 2020, seguimos desarrollando programas de inteligencia emocional para ser competentes con ella, en nuestro caso, aplicando el programa de habilidades en nuestras escuelas, dando clase a los maestros de educación infantil, primaria y secundaria, promoviendo el conocimiento, divulgando prácticas entre las familias, barrios y ciudades…. y para qué queremos educación emocional y salud?

La inteligencia emocional no es una moda, es una necesidad que ahora podemos, desde un punto de vista evolutivo, manejar e invertir en ella. Es relevante disponer de una buena inteligencia emocional, pues hay un concepto relativamente nuevo para todos, la salud emocional. Salud emocional? Si, fácil de responder. Cuando uno se pregunta que es la depresión, la respuesta, desde un punto de vista clínico, es una persona abatida, con desafección por la vida, gris, triste, apagada, que no halla sentido a la vida durante un periodo significativo. Y que recursos propios dispone? Generalmente la obtención externa de recursos farmacológicos y terapéuticos hallando parte de su poder fuera de él. Y aquí es dónde entra la educación emocional, qué hacer con lo que la vida me ha preparado, sentirse dispuesto a sostener la experiencia que ha disparado ese estado ‘depresivo’, abrigar la compleja emoción de la tristeza, con su temporalidad, su carácter de cierre, su peso y sus ingredientes. Y eso conlleva trabajo práctico de mirar la tristeza a la cara y poner nuestras habilidades al servicio de ella, para avanzar, para no cronificar el apagón, para seguir con el poder personal, para seguir en la vida, para vivir.

Si pusiéramos la mirada en el distrés, estrés clínicamente significativo, hallaríamos la gestión del tiempo y nuestra identificación con las tareas, nuestros calendarios, nuestros límites funcionales, nuestras exigencias a ‘ser queridos’ y bien vistos. Pues bien, qué pasa cuando exponemos nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestra mirada, nuestro oídos a es ritmo frenético? nos desconectamos del ritmo analógico ( ritmo natural como las transiciones de la primavera-verano-otoño-invierno) y el cuerpo paga el peaje enfermando. Y qué recursos disponemos? la práctica del mindfulness, la atención plena, el parar, estar quietos, una mirada contemplativa, una mirada consciente, sentir señales corporales, atenderse,… y eso se obtiene educándonos, educación emocional mediante la consciencia emocional, identificación emocional y su gestión. Mediante el programa, charlas, etc.

La educación emocional, la salud y nuestro ritmo analógico.
La educación emocional, la salud y nuestro ritmo analógico.

La educación emocional (juntamente con la cognitiva), son las puertas a la evolución de la sociedad donde nuevas generaciones puedan disponer de herramientas de salud de autogestión y saber bailar la musicalidad de la vida. Conectar con uno, conectar con el otro, conectar con el medio que nos sostiene , la Tierra. Los adultos de ahora, disponernos a ella i gozar de este camino.

Mientras otras personas, dirigentes y entidades siguen apostando para resolver un conflicto con un misil o un dron militar, otros seguiremos comprometiéndonos con la educación emocional, la salud y brillar.

Salud y seguimos!

Alexandre Maset

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